¡Fuera Ropa! II

Mayo 12, 2007 at 5:14 pm (Arte, Fun Stuff, Noticias, Sexo)

Experiencia de libertad

Pues sí. Compadezco a todos los que en este momento están diciendo “¡chin! ¡cómo no fui!”. No se preocupen, desde aquí reciban una palmadita en la espalda.

Yo sí fui y me encueré por las 10 razones que había planteado antes, agregando que el evento rebasó mis expectativas personales en muchos sentidos.

Innegablemente es la primera expresión/manifestación pública en México en donde la gente salimos a apoderarnos del espacio público sin ninguna promesa o algún interés más allá del de saber qué se sentía estar en pelotas en medio de la calle, considerando que una gran porción de asistentes no tenía idea de quién es Spencer Tunick y que acudió nada más “quesque a la foto de los encuerados”. Estuvimos de manera gratuita e incondicional sin esperar algo a cambio. Nadie fue por la torta, la despensa, la bandera política, la causa solidaria, la denuncia, la fama, la proyección, el rating, el mitin o los 150 pesos que les pagaron a los del famoso plantón de Reforma.

Dirás que el pueblo también suele llenar el zócalo para festejar El Grito, Año Nuevo, o algún concierto; pero no dejan de ser reuniones colectivas que conciernen a determinados grupos sociales.

Hace unas horas que estuve como invitado en el espacio radiofónico de Jorge Berry, en donde el comunicador me planteó al aire que no había que olvidar Avándaro, o la Marcha por la Paz; aún así no son comparables porque lo primero fue una expresión rockera de un movimiento juvenil en donde no hubieron ancianos ni gente ajena al movimiento de aquellos años; la Marcha por la Paz fue un mitin social, que bien, despojado de demagogias, se realizó con un fin social: la inseguridad pública. El desnudo del zócalo fue mucho más allá; lo que inicialmente se trataba de un experimento fotográfico, terminó siendo la gran fiesta del despojo de las prendas y de los prejuicios.

Spencer Tunick fue muy claro al advertir que el evento no debía convertirse en una manifestación o en una fiesta; pero al final de cuentas se quedó con el ojo y el lente cuadrados al ver que México es un país mitotero que tiene a su favor el sentido del humor del cuál carecen el resto de los países en donde ha realizado sus famosas instalaciones.

En las primeras semanas la meta era reunir 4 mil nudistas, posteriormente el reto fue el de igualar a los 7 mil de Barcelona, y al final rompimos el record con cerca de 20 mil asistentes.

¿Qué se siente?

Durante las 2 horas que estuvimos codo con codo y nalga con nalga, vestidos y sentados en los arroyos vehiculares del zócalo y esperando indicaciones, se sintió un ambiente chido, de cotorreo y desmadre festivo como cuando estás haciendo fila para entrar a un concierto. A mi alrededor había unos 4 chavos banda de Iztapalapa, una parejita de Polanco, unos veteranos de la UNAM que se acaban de reencontrar, otra gente que al parecer venían del antro o de algún reven y el amiguito que me acompañó. Del mismo modo se pudieron ver familias completas, extranjeros, discapacitados, punketos, ancianos, obreros, fresas, buenones, buenonas, enanos, nerds, culturosos… Hasta una pareja que se acababa de casar en la tarde anterior y que venía de la pachanga de su boda.

El Universal

A las 6:15am Tunick dio el banderazo, “3, 2, 1, Mexico naked!” y en 15 segundos toda la muchedumbre estábamos desnudos y corriendo al cuadro principal para tomar posiciones.

Sí, el frío calaba, pero al mismo tiempo el calor corporal se fue encapsulando como cuando observas a un grupo de cachorros arremolinándose en la intemperie. Después de 1 minuto el pudor se desvanece, el morbo se diluye y ni siquiera haces conciencia de que estás desnudo.

Es como si te cambiaran el switch y entraras a una realidad alterna como en Matrix. No te provoca el mínimo de curiosidad ver los cuerpos de tu entorno, no comparas tamaños, complexiones ni estaturas, no sientes el mínimo estímulo erótico ni sientes el menor complejo por lo que te sobre o lo que te falte. En ningún momento hubo miradas lascivas, murmullos o muecas. Las posibles erecciones de las que varios se preocupaban en las conversaciones mientras estábamos vestidos brillaron por su ausencia. Cierto era que hubieron pezones rígidos por el airecito frío, pero los pizarrines se mantuvieron quietecitos hasta en el hombre más lujurioso que pudiera estar presente.

Tengo mi teoría al respecto. Es el fenómeno de las tribus sociales, urbanas, raciales, etc. Cuando miras a un grupo de darketos todos tendrán un común denominador en su manera de vestir, pensar y hablar, lo mismo ocurre con un grupo de señoras camioneta reunidas en el té canasta de los martes o con una reunión de burócratas; todos tienen un distintivo que te puede hacer sentir diferente si te encuentras en el medio y no bailas al mismo son. Lo mismo ocurrió aquí. La desnudez fue el común denominador que no hizo distinción de clases sociales, posturas políticas o religiosas, edades ni preferencias sexuales. Y es que en cueros no se ven las tarjetas de crédito, la marca de la playera ni las llaves del auto o el boleto del Metro.

El fotógrafo dijo, “platiquen con la persona que esté a su lado, conózcanse, intercambien energías”. Todo se tornó en una absoluta complicidad, incluso en la postura C en donde debíamos estar en posición fetal contra el suelo; postura bella desde las tomas panorámicas pero la más audaz cuando miras a ras del piso, porque si te atreves a levantar la cara lo único que se te pone a 20 centímetros de los ojos es el culo del compañero de enfrente y en ese instante tomas conciencia de que el de atrás está viendo el tuyo en widescreen y a todo color. Pero cuando agachas la cabeza te estás dando cuenta si la persona de tu retaguardia está alzando la mirada. Aún así no sientes pudor, porque nadie está en desventaja, en definitiva todos nos conocimos hasta el canal del desecho.

El momento más chido fue el contacto piel con piel. Hubo una toma en donde estando de pie se nos pidió poner las manos sobre los hombros de las personas de a lado. En ese momento se siente la neta de la unidad de especie, la que no es dientes para afuera y te hace reflexionar sobre la fragilidad humana y lo importante que es el contacto físico. El calorcito de la mutitud circulaba como por fibra óptica.

El despertar a la otra realidad de la Matrix llegó cuando a Tunick se le ocurrió tomar la fotografía espontánea de las mujeres solas en el ala sur de Palacio Nacional. Lamentable improvisación para la logística. A nadie se le ocurrió recordar lo machista y animal que es el hombre mexicano.

ReutersDe buenas a primeras la indicación fue “los hombres pueden pasar a vestirse, muchas gracias por su cooperación. Las mujeres júntense en Palacio Nacional”.

La raza masculina corrió a ponerse sus ropas para regresar con sus cámaras y celulares para capturar el show. Ahí se partió la tribu y ya no éramos iguales. Ellas, con justa razón se sintieron voladas, la situación se le escapó de control al staff y aquello se convirtió en la otra manifestación: la de la vileza y el gandallismo.

Algunos maridos se mantenían cerca de esa última toma para esperar a su mujer, pero las que iban solas tuvieron que cruzar desnudas, de lado a lado, todo el zócalo entre la jauría arropada.

La prensa acechaba como un monstruo de mil cabezas desde la azotea de uno de los hoteles del zócalo en busca de la mejor foto para primera plana. Algunos morbosos se daban color desde otras ventanas. Desde la penumbra de una de las ventanas de Presidencia se miraba el foquito rojo de una cámara. Uno nada más pensaba, “pobres pendejos, parecen perros en carnicería, jojojo”.

Dejar el zócalo era como desfilar por la alfombra roja del Oscar, ¡ja! Decenas de reporteros recolectando las primeras impresiones de los ex nudistas.

Reuters

Lo destacable

- El hombre de la silla de ruedas que dio el toque distintivo al conjunto, porque una composición de cuerpos desnudos, aún en una toma masiva, nos hace ver que el ser humano no es perfecto.

- Lo conmovedor de ver mujeres embarazadas.

- Estar vivo y desnudo en el ombligo histórico de la nación, en donde siglos atrás la gente era sacrificada, igualmente desnuda.

- La prensa uniformó la primera plana de todos los diarios con una noticia que no es sobre política.

- La audacia de una reportera de Radio Fórmula de narrar el evento en vivo y desnuda en la muchedumbre con un celular oculto en una peluca.

- Una pareja de enanitos que se veía feliz y que en ningún momento borró la sonrisa de sus rostros.

- Pude dejar mi ropa, mi cámara, mi celular, mi cartera y mi MiniDisc en el pavimento sin que nadie se los robara.

- La opinión humorística y condescendiente de Norberto Rivera sobre el evento.

- El hecho de que Ernesto D’Alessio se haya puesto la sotana y nos haya condenado a arder en el Infierno por inmorales. ¡Bah!

- La sonrisa de “acabo de hacer una travesura” que mantuve el resto del día.

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