Reto 15 Días [Día dos] Le Voyeur

Mayo 17, 2007 at 7:19 pm (Big Blogger, Lo personal, Sexo)

Da dos - Le Voyeur

Hoy fue mi primer día sin rasurar, aún no se nota en mi autorretrato voyeur.

Lo que sí noté fue que la inocencia me ganó al viajar en Metro y ver cosas que sólo creí que ocurrían en el cine porno. Hoy me tocó viajar en el carro sardina de las seis de la tarde; como es habitual en esas horas del slam, hay que empujar para entrar, resistir para que no te saquen en cada parada y volver a empujar para salir en la estación de tu destino.

Para tales travesías suelo llevar una maletita de mano en la que meto mi cartera, celular, cámara y cualquier otro objeto robable para la hora del juego de manos. Cuando entro al Metro en horas pico me limito a levantar las manos con todo y maletita, apoyarme en el techo y estirar el cuello como E.T. para poder respirar.

Lo de hace unas horas fue inédito. Otras veces he visto arrimones, he sentido manos buscando “algo” en mis prendas y de ahí no pasa. A estas alturas del partido no me escandaliza porque ni me van violar ni me van a robar nada y mucho menos voy a salir casado. Pero la parejita que iba a mi lado no tuvo madre, eso de abrirle la bragueta al novio/amante/amigo/chichifo en pleno viaje y en medio de la muchedumbre, me resulta más que cínico. Conté que éramos 3 voyeristas accidentales presenciando el espectáculo. De por sí, cuando alguien mira que roban a otro alguien no dice nada, en este caso menos. El onanismo asistido duró lo del trayecto de unas cinco estaciones; hubo un fan que se prestó discretamente de voluntario para hacer casita y así evitar que se colara cualquier otra mirada entre las rendijas de los cuerpos. Nadie hablaba, todo era diálogo de miradas, ni siquiera había gestos. No supe si me estremecía más ver aquello o saber que mi jean podía llevarse un recuerdo de la hazaña.

Más vale un colorado que mis descoloridos. Cuando el protagonista del show, que estaba a unos 50° en relación a mí, comenzaba a fijar su mirada hacia la nada se encendió un foco rojo en mi cabeza. Lo tomé por los hombros y lo giré contra la puerta del carro, su coprotagonista siguió en lo suyo hasta completar el cometido.

Estación Tacubaya. La muchedumbre sale del carro, los aventureros salen también y el carro queda despejado al 40% de su capacidad. Sigo a bordo y veo la evidencia adherida en el aluminio de la puerta. La gente no se da cuenta, cada quién va enajenado en sus problemas.

Mi jean se mantuvo limpio y me concreté a seguir escuchando a Glenn Close cantando en mi MiniDisc.

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