Un "ROMANCE" de Primer Mundo

Andrea Enamora Al Planeta A Lo Latino

A propósito del 14 de febrero, ya estoy viendo que este será uno de los discos más vendidos en el mundo.
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Mientras los gringos se declaran su amor a base de brincos con el hip-hop y el resto del mundo dice “te amo” con canciones solemnes y un tanto frías, Andrea Bocelli vuelve al crossover de manera inteligente, con la mejor manera que existe para expresar Amor a través de la poesía y el sentimiento más profundo, el único e incomprable que jamás se haya escrito: el romanticismo latino.

Bajo la batuta de David Foster, Humberto Gatica y Tony Renis, Bocelli retoma lo que hace varias décadas no ocurría con nuestra música latina y el bolero mexicano, hacerlo motivo de hit internacional.

Amore reune a Agustín Lara, Consuelo Velásquez, Armando Manzanero; clásicos casi perdidos en el tiempo como Júrame, Amapola, Cuando Me Enamoro (top one de Angélica María).

¿Por qué Andrea Bocelli decidió grabar este disco? Digo, el señor no tiene arruinada la carrera, sigue cobrando las perlas de la Virgen en sus conciertos, y a demás es un álbum que se está lanzando a nivel internacional, no sólo aquí como ocurrió con Barry Manilow o Sheena Easton cuando ya nadie los fumaba en sus tierras.

Probablemente tú no lo sabes, pero hubo una vez un México que exportaba muchas rolas. No, no pienses en los artistas que dicen triunfar internacionalmente sólo porque fueron a llenar un teatro a Sudamérica o a España. Antes los chingones, los Elvis, los Sinatras y las Edith Piaf grabaron en su idioma rolas mexicanas y latinas, probablemente esas que ves con cara de “¡Fuchi… eso es de ruquitos!”. Sin embargo te cuento que cuando Manzanero andaba por sus veintitantos años, Elvis Presley ya le había grabado Somos Novios en inglés; ¿será que Arjona, Sin Bandera o Reyli puedan lograr que alguna vez, en sus importantísimas trayectorias, les grabe U2 o Robbie Williams? ¡Jajajajaja! ¡Nah!

Bésame Mucho (que probablemente conociste con Luis Miguel) es la rola que más versiones en otros idiomas ha tenido en toda la historia de la música mexicana, y por tanto, la que más dinero genera hasta ahora por concepto de regalías. En segundo lugar tenemos El Reloj, de Roberto Cantoral, papá de Itatí, cuya partitura está pintada en la fachada de su casa.

Sería un crimen que no tuvieras este álbum en tus manos, no todos los puntos de referencia se llaman Luis Miguel. Es un verdadero lujo escuchar aquellas canciones con una producción choncha y de grandes ligas.

Plaza Satélite 2-MIL-6

¿A qué hora ocurrió que no me enteré?


Hoy fui a Plaza Satélite con Juan, un amigo de Monterrey que por primera vez pisaba lo que es el primer centro comercial que se construyó en la zona metropolitana, allá en los años 60.

Involuntariamente me convertí en guía de turistas y le fui explicando un poco de la historia de Plaza.

Inevitablemente me vinieron a la mente los flashbacks de lo que yo solía ver cuando era niño. Los Muticinemas, la vieja arquitectura antes de su remodelación y los locales que aún sobreviven desde entonces.

Aún existe el Poppin Tiger, ahí me compraron mi primer figura de Star Wars, o mejor dicho en español antiguo, de La Guerra De Las Galaxias (1977). No había libre comercio, comenzaba el sexenio de López Portillo; en ese momento caí en cuenta que este tipo de tiendas debieron tener “contactos”, o sea fayuqueros, para traer ciertas cosas metidas en los calzones, pues las figuras las vendían sueltas, sin empaque y a precio de oro.

Sobrevive también Discovery, el famoso local de las “cosas raras” que, al día de hoy, ya no tiene absolútamente nada novedoso ni que me hiciera decir “¡esto no lo encuentro en ningún otro lado!”.

Sigue Trenes, al parecer la única tienda especializada en todo el país en lo referente a trenes eléctricos de colección, y como sospecho que por tratarse de un hobby de rucos millonarios, ya están ofreciendo otro tipo de mercancías completamente ajenas al giro del local. Te pregunto, ¿has visto, tienes o conoces a alguien con una maqueta ferroviaria en su casa?

Y hablando de ferrocarriles, por ahí fuimos testigos de una fina estampa del México de hoy, el real; el México que vivimos en la piel, y no precisamente como Luis Miguel.

Resulta que se nos cruzó un trenecito de Helados Holanda, de esos mini eléctricos que llevan de paseo a niños metidos en sus vagones, así como antes ocurría en los parques, entre árboles y fuentes, pero en esta ocasión por los pasillos de Plaza.

No sé qué era más cómico, si las caras de los escuincles atiborradas como muppets en las ventanitas o la procesión de papás con rostros de cansancio y preocupación escoltando los flancos la locomotora.

¡Era como película de Almodóvar! La tragedia y la comedia en su máximo punto de equilibrio.

Hoy en día nadie deja a su pequeño heredero ni un minuto a solas en sitios públicos por temor a un secuestro, violación y/o asesinato.

Cuando yo era niño, mi madre y mis hermanas me llevaban a Plaza; para mí era una tortura estar horas y horas en los departamentos de damas de París Londres (hoy Suburbia), Liverpool y otras tiendas más. El remedio era simple, mi madre me dejaba ir a perderme por todo el centro comercial, yo me divertía como enano recorriendo todos los rincones con jugueterías y jugando al Tunel del Tiempo en la estructura metálica de la explanada interior. A cierta hora yo sabía que debía encontrarla en un punto acordado y nos regresábamos felices a casa.

Ahí fue cuando hoy caí en cuenta que los 70 no habían celulares, policías con radios, cámaras de vigilancia, sensores, casetas de información, ni toda la parafernalia tecnológica que hoy vemos. Sin embargo, aún careciendo de todo aquello tuve un par de cosas que aquellos niños que vi en el tren ya no tienen ni con todos esos refuerzos…

Libertad y seguridad.