¡Adiós Chayito!

El pasado sábado 31 murió por causas naturales y, de manera lúcida, ágil y entera, Rosario Iglesias Rocha, mejor conocida como Chayito, la atleta más lonjeva y más chingona de México.

ChayitoMurió con 2 deseos sin cumplir: El Premio Nacional del Deporte y llegar a los 100 años. Por lo que que se quedó, a los 98 años, a dos pasos de ganar su meta de vida.

El primer deseo bien se le pudo haber cumplido en vida, de no ser por la falta de criterios y sentido común de las mafias que controlan el mediocre sistema deportista de nuestro país.

Chayito era una voceadora de origen humilde que vendía periódicos en la colonia Nápoles de la capital mexicana desde hace más de 60 años, y comenzó a correr por mero gusto personal a los 80 años.

Su gustito la llevó a obtener nada más 104 triunfos, 31 medallas en competencias internacionales y 72 en nacionales; todas en carreras de mil 500, 800, 400 y 200 metros.

De sus 20 marcas mundiales, deja vigentes la de los 200 mts. con 82.29 segs., dos en los 400 mts., una en la categoría de 85 años con 2.13.68 segs. y en los 90 años con 3.06.85 segs. y dos más en los 800, también en 85 (5.00.58 ) y los 90 (6.59.18).

Aún con ese impresionante currículum, la Comisión Nacional del Deporte tuvo la osadía de negarle apoyo económico, siendo el verdadero colmo de la discriminación argumentar “ya está muy grande”, cuando en 2005 fue a competir a España en donde fue a obtener dos medallas de oro. En aquel entonces su hija tuvo que desembolsar 40 mil pesos en hospedaje, alimentación y viáticos.

Como es tradición en México, el Presidente en turno siempre recibirá a los zánganos de la Selección Nacional de Futbol cada vez que regresan con su ilustre fracaso en hombros después de competir en algún Mundial. Les hacen los grandes homenajes y los reciben como héroes de guerra. En el caso de Chayito, sólo fue recibida una sóla ocasión en su vida en Los Pinos, estando Vicente Fox en turno, y la entonces primera dama, Marta Sahagún, que se daba el lujo de gastar con tu dinero y el mío, 40 mil dólares en harapos para vestirse, tuvo la “gracia” de hacer un obsequio a Chayito de miserables 90 dólares “para sus medicinas”, le dijo en aquella ocasión la señora de Fox.

Chayito bien mereció ver en vida un monumento ergido a su figura o cortar el listón de alguna pista de carreras que llevara su nombre. Pero como mexicanos somos tan vendidos al sistema que nada más volteamos a ver a figuras del deporte, infladas por poderosos aparato de mercadotecnia, anunciándonos sueros para la cruda, comida chatarra o zapatos deportivos.

No dudo que en las próximas semanas algún político quiera elevar su rating al pretender condecorarla post mórtem.

¡Ya pa’qué!